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La mayoría de los lunares son benignos y no representan ningún problema. Sin embargo, algunos cambios en un lunar pueden ser una señal de alarma y justificar una valoración por un dermatólogo.
Uno de los principales objetivos de revisar la piel periódicamente es detectar de forma precoz lesiones que puedan corresponder a un melanoma, el tipo más agresivo de cáncer de piel. Cuando se diagnostica en fases iniciales, el melanoma tiene un pronóstico muy favorable.
Una forma sencilla de recordar las principales señales de alarma es la regla ABCDE.
Una mitad del lunar no se parece a la otra. Los lunares benignos suelen ser bastante simétricos, mientras que los melanomas pueden presentar una forma irregular.
El borde del lunar es irregular, poco definido o presenta zonas que no están claramente delimitadas.
La lesión presenta distintos colores o tonos: por ejemplo, diferentes tonalidades de marrón o negro, o áreas rojizas, blanquecinas o azuladas.
Tradicionalmente, un diámetro superior a 6 mm se ha considerado una señal que merece atención. Sin embargo, un melanoma puede ser más pequeño, por lo que el tamaño, por sí solo, no permite saber si un lunar es peligroso.
Es probablemente uno de los signos más importantes: una lesión que cambia con el tiempo en tamaño, forma, color o aspecto debe ser valorada por un dermatólogo.
Además de la regla ABCDE, existe una pauta muy sencilla: prestar atención al lunar que no se parece a los demás.
La mayoría de las personas tienen lunares con características relativamente similares. Si aparece una lesión que destaca claramente por su forma, su color o su aspecto respecto al resto, puede ser recomendable revisarla, aunque no cumpla todos los criterios ABCDE. Los dermatólogos llaman a este signo ugly duckling o signo del patito feo.
El picor, el sangrado, la formación de costras o el dolor también pueden ser motivo de consulta, sobre todo si son cambios nuevos o persisten en el tiempo.
Aun así, presentar uno de estos signos no significa necesariamente que el lunar sea maligno. Muchas lesiones benignas pueden mostrar cambios o síntomas parecidos. Es la valoración dermatológica la que permite determinar si una lesión necesita seguimiento, dermatoscopia u otras pruebas.
Es recomendable solicitar una valoración si observa:
También es aconsejable una revisión periódica en personas con muchos lunares (más de 50 a 100 en todo el cuerpo) y en quienes tienen un familiar cercano (padre, madre, hermanos o abuelos) que haya tenido un melanoma.
Conviene recordar, además, que no todos los tumores de piel tienen el aspecto clásico de un lunar. Pueden aparecer en distintas zonas del cuerpo, incluidas las palmas de las manos, las plantas de los pies, la zona genital, debajo de las uñas o en el cuero cabelludo.
La regla ABCDE ayuda a identificar cambios que merecen atención, pero no sirve para diagnosticar un melanoma en casa. Si un lunar cambia, sangra, pica, crece o simplemente es diferente de los demás, lo más adecuado es consultar con un dermatólogo.
Una revisión dermatológica, especialmente cuando se apoya en la dermatoscopia, permite valorar características que no siempre son visibles a simple vista y decidir si una lesión necesita seguimiento o tratamiento.
Ante la duda, es mejor revisar un lunar que ignorar un cambio.
Artículo elaborado por la Dra. Keila Mitsunaga, especialista en Dermatología de Unidad Médica Angloamericana.
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